Dichosos escritores

Si no he dicho nada porque no me gusta ser portadora de malas noticias, y si lo comento, es porque he interpretado los malos augurios como los buenos sacerdotes del templo de Babilonia.

Cuando nos reunimos, criticamos al gobierno y a la mala literatura. Expresamos criterios de autoridad ante los excesos que mancillan la cultura. Cada poco, acudimos al tanatorio virtual, que es donde se muere en la era de las grandes tecnologías. Seguimos confiando en el imperecedero papel y en la imprenta que inventó Gutenberg.

Me llegan vagos olores a podrido. Como no sé si proceden de mi cuerpo, decido rociarme, como Marilyn, con Chanel número cinco, y es que esto ya comienza a olerme a chamusquina.

Sospecho que ya estamos todos muertos, y si no, al tiempo.

Sombras infieles

Las ciudades nunca duermen. Son como farolillos de estrellas. Candilejas vivientes que animan la noche. Las ciudades son también el reino de las sombras, y yo soy una de ellas.

Elijo personajes durante el día y juego a representar por la noche el papel que me he asignado.

Ayer me convertí en músico callejero, con cartel de pobre y cesta para las monedas. Otras sombras pasaban delante de mí, pero la mayoría simplemente me ignoraban. Maldije mi suerte y la hora en que elegí sombra.

Hoy me he soñado sombra bígama. Yazgo sobre una cama ceremonial recubierta de sedas y blandos cojines. A mi lado, Anita Delgado la Maharaní de Kapurtala, mi preferida, y por el otro, su posible sustituta. Conviene mantenerlas intranquilas, que pugnen por mi conquista. Confieso que esta sombra no admite comparación con la del pobre músico callejero.

Al poco, ambas me solicitaron. En mi descargo, diré que  hice cuanto pude por satisfacerlas. No sé por qué ambas se esfumaron dejando un reguero de sombras luminosas tan etéreas como sus cuerpos en la gélida madrugada.

Por eso he pensado que mañana debo soñarme sombra siquiátrica, a ver si consigo  recomponer mi mermada autoestima de sombra varonil.

Canícula

Cuando se recalienta el sol y luce inclemente sobre los mortales, todo se va reblandeciendo. El estado sólido se convierte en pasta, la pasta en líquido viscoso. Algunos elementos, los más volátiles, se desprenden hacia la atmósfera ávidos por comer cielo.

Hoy, al salir a la calle, bajo un sol pendenciero y hostil, el asfalto me engulló lentamente. Fui descendiendo hacia las profundidades del subsuelo confundida con el alquitrán.

Media ciudad ya estaba allí abajo abanicándose en silencio mientras esperaban la tarde para salir a respirar.

Parejas

Desde que me he comprado un Galán de Noche ya no vivo sola

Ayer lo vestí con un buen chaqué y nos fuimos a la ópera. Él, tan elegante, y yo a la par con mi estupendo camisón de fiesta.

Hacemos una gran pareja.

Imperfecta, si se quiere.

Pero, ¿quién  se atrevería a tirar la primera piedra?

Lo que duerme detrás de una pupila

Porque cualquier mirada necesita todo lo que se duerme detrás de una pupila.

Luis García Montero

           Pero, sabes, si pudiéramos crear ese espacio común por el que ambos discurriéramos, siendo uno la sombra de la otra, siendo la otra la sombra de uno, ¿qué nos quedaría entonces como territorio personal, en qué se habría diluido nuestra identidad?

            Te pregunto porque me pregunto y no conozco la respuesta. Siempre te he amado así, sabiendo de tu oscuridad, de ese lugar que solo tú ocupas, aún desconociendo que se trata de tu propio territorio.

            Navegamos por estos lugares inciertos, recorremos largas travesías a lomos de nuestra piel, por gloriosos momentos nos amamos encarnizada y fervorosamente, en esa mágica ceremonia que nos conduce a confundirnos el uno en el otro. Y en un átomo de tiempo, nuestras miradas se cruzan sabiendo del misterio que puebla cada uno de nuestros corazones.

        

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