Clase de Historia

Ojos hechiceros, boca de piñón, nariz de Cleopatra, tableta de chocolate, piernas de corredor etíope. Se lo rifaban como modelo de alta costura. Cuando estaba cubierto de vendas para sacarle un molde, sucedió algo extraordinario: aviso de bomba, fuego, corte de luz…todos salieron como alma que lleva el diablo y allí se quedó el bello. Endurecido ya el yeso fue imposible trasladarlo, pues solo quedaban junto a él dos modelos anoréxicas muertas de frío. Pasó el tiempo inevitable. Por fin, alguien entró en el taller hecho añicos y allí mismo se enamoró del bello modelo de yeso. ¡Cuánto pesa! dijo al arrastrarlo. Al poco comenzó a trasudar. ¡Aquí huele a muerto! comentó la enamorada señora María que llamó a Serafín, su marido, que llamó a Dionisio, su compinche, que avisó al Hilario, porque era el único que tenía la camioneta del trabajo disponible. Entre los tres se lo llevaron al vertedero y allí se les partió. ¡Un muerto! dijo Serafín, que le dijo a Dionisio, que le dijo a Hilario que conocía al de la grúa,  que lo agarrara y que lo tirara debajo de la chatarra que ellos no querían problemas.

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Dichosos escritores

Si no he dicho nada porque no me gusta ser portadora de malas noticias, y si lo comento, es porque he interpretado los malos augurios como los buenos sacerdotes del templo de Babilonia.

Cuando nos reunimos, criticamos al gobierno y a la mala literatura. Expresamos criterios de autoridad ante los excesos que mancillan la cultura. Cada poco, acudimos al tanatorio virtual, que es donde se muere en la era de las grandes tecnologías. Seguimos confiando en el imperecedero papel y en la imprenta que inventó Gutenberg.

Me llegan vagos olores a podrido. Como no sé si proceden de mi cuerpo, decido rociarme, como Marilyn, con Chanel número cinco, y es que esto ya comienza a olerme a chamusquina.

Sospecho que ya estamos todos muertos, y si no, al tiempo.

Sombras infieles

Las ciudades nunca duermen. Son como farolillos de estrellas. Candilejas vivientes que animan la noche. Las ciudades son también el reino de las sombras, y yo soy una de ellas.

Elijo personajes durante el día y juego a representar por la noche el papel que me he asignado.

Ayer me convertí en músico callejero, con cartel de pobre y cesta para las monedas. Otras sombras pasaban delante de mí, pero la mayoría simplemente me ignoraban. Maldije mi suerte y la hora en que elegí sombra.

Hoy me he soñado sombra bígama. Yazgo sobre una cama ceremonial recubierta de sedas y blandos cojines. A mi lado, Anita Delgado la Maharaní de Kapurtala, mi preferida, y por el otro, su posible sustituta. Conviene mantenerlas intranquilas, que pugnen por mi conquista. Confieso que esta sombra no admite comparación con la del pobre músico callejero.

Al poco, ambas me solicitaron. En mi descargo, diré que  hice cuanto pude por satisfacerlas. No sé por qué ambas se esfumaron dejando un reguero de sombras luminosas tan etéreas como sus cuerpos en la gélida madrugada.

Por eso he pensado que mañana debo soñarme sombra siquiátrica, a ver si consigo  recomponer mi mermada autoestima de sombra varonil.

Brotes Verdes

Nada más abrir la puerta el aroma de la ausencia se le estampó en la cara como una bofetada. Sorprendida, se dirigió como una exhalación hacia el dormitorio, porque sospechaba que era desde allí desde donde provenía la vaharada húmeda que casi la había hecho tambalearse y caerse al suelo. Encontró la cama deshecha, tal y como había quedado desde la mañana,  y comprobó que no había ropa interior tirada por el suelo y que la mitad del armario ahora estaba vacío.

Buscó en vano alguna nota, alguna explicación pero no, allí no había nada de nada, sólo el olor, el vacío, el silencio. La respiración continuaba acelerada igual que su corazón. Las piernas se le fueron aflojando y tuvo que sentarse para no desplomarse. Una arcada le subió desde el estómago y le oprimió la garganta. Desde el otro extremo de la casa se escuchaba el alboroto de los niños que iba in crescendo. Entonces pensó que tal vez debería dejar para más tarde la gestión de la crisis.

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Canícula

Cuando se recalienta el sol y luce inclemente sobre los mortales, todo se va reblandeciendo. El estado sólido se convierte en pasta, la pasta en líquido viscoso. Algunos elementos, los más volátiles, se desprenden hacia la atmósfera ávidos por comer cielo.

Hoy, al salir a la calle, bajo un sol pendenciero y hostil, el asfalto me engulló lentamente. Fui descendiendo hacia las profundidades del subsuelo confundida con el alquitrán.

Media ciudad ya estaba allí abajo abanicándose en silencio mientras esperaban la tarde para salir a respirar.

Parejas

Desde que me he comprado un Galán de Noche ya no vivo sola

Ayer lo vestí con un buen chaqué y nos fuimos a la ópera. Él, tan elegante, y yo a la par con mi estupendo camisón de fiesta.

Hacemos una gran pareja.

Imperfecta, si se quiere.

Pero, ¿quién  se atrevería a tirar la primera piedra?

Lo que duerme detrás de una pupila

Porque cualquier mirada necesita todo lo que se duerme detrás de una pupila.

Luis García Montero

           Pero, sabes, si pudiéramos crear ese espacio común por el que ambos discurriéramos, siendo uno la sombra de la otra, siendo la otra la sombra de uno, ¿qué nos quedaría entonces como territorio personal, en qué se habría diluido nuestra identidad?

            Te pregunto porque me pregunto y no conozco la respuesta. Siempre te he amado así, sabiendo de tu oscuridad, de ese lugar que solo tú ocupas, aún desconociendo que se trata de tu propio territorio.

            Navegamos por estos lugares inciertos, recorremos largas travesías a lomos de nuestra piel, por gloriosos momentos nos amamos encarnizada y fervorosamente, en esa mágica ceremonia que nos conduce a confundirnos el uno en el otro. Y en un átomo de tiempo, nuestras miradas se cruzan sabiendo del misterio que puebla cada uno de nuestros corazones.

        

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